Entre cerro y mar
 

Caso Santelices: Botón de muestra del doble Estándar

Carlos Bravo Ampuero

No hace mucho, hubo noticias que nuevamente nos han remecido. Un General de la Republica, Gonzalo Santelices, ha sido descubierto en su complicidad de un hecho grave que no deja de conmover a nuestra sociedad: La caravana de la Muerte. Este militar reconoce haber tenido una participación en ese hecho. La reacción, fue una presión para que renuncie, cosa que finalmente realiza, pero a propósito de esto aparecen los argumentos del poder político, religioso y social que deja en evidencia el doble estándar. Los argumentos van apareciendo sin que se los pidan, pero estos actores sociales se sienten con el deber de decir algo. Por ejemplo, el secretario de la Conferencia Episcopal de Chile, Obispo Auxiliar de Santiago Cristian Contreras, dice que hay que evitar juzgar esas situaciones ya que eran complejas  y de mucha presión, por la situación excepcional que se vivía en ese momento. No estoy tan cierto que haya esa misma comprensión respecto del uso de la píldora del día después para mujeres víctimas de violación.

Algunos personajes políticos hablan de una situación de polarización, violencia y guerra, por lo tanto es entendible que se actuara bajo presión. Lo curioso es que para estas personas la usurpación de tierras a los mapuches, las condiciones de esclavitud de los trabajadores de los mall, las diferencias abismantes de los sueldos de este país  no son situaciones de polarización, violencia y guerra cuando los jóvenes cometen delitos violentos.

Otros dicen que si no se obedecía se ponía en peligro la propia  vida. Esto es muy injusto para con los muchos militares, heroicos y valientes, que se negaron a cumplir órdenes injustas e ilegales, y hoy pueden mirar con la frente en alto y  dormir con la conciencia tranquila. Se les cercenó la carrera militar, pero siguieron viviendo con dignidad. Ellos fueron adoctrinados en la tradición del honor militar, en donde la vida humana era un preciado bien y no de la Escuela de las Américas, en donde pensar distinto era una amenaza y había que eliminar al “enemigo”.

También se dice que el general tenía sólo 18 años en ese entonces, que era muy joven para saber lo que hacía. Los que dicen esto, son los mismos que ahora argumentan que a los 14 años ya se sabe lo que se hace, y ante un delito hay que aplicar castigo ejemplar. Parece que dicho criterio  es válido solamente para algunos: civiles, jóvenes urbano popular. Es aquí donde se evidencia el doble estándar desde el poder. En el caso Santelices estamos ante un hecho criminal. Es un individuo que usando uniforme es cómplice y testigo directo de crímenes. Eso no es un acto militar, es un hecho criminal. Hay literatura abundante en la formación militar que lo fundamenta. En el ejercito Alemán, había un principio de “corresponsabilidad”, en donde se dejaba establecido que la obediencia no era ilimitada e irreflexiva. Aún más, el ejército Ingles, establece que si se recibe una orden ilegal, no debe cumplirse.

 

Lo que llama la atención y deja al descubierto este doble estándar, es que para el caso de un militar  involucrado en un acto criminal en el contexto del golpe militar, no se escuchan los argumentos de “tolerancia cero”, “endurecer las penas”, “que se pudran en la cárcel”, “puerta giratoria”(en este caso los militares no han tenido necesidad de tener puerta giratoria ya que se pasean libres, por las calles, ferias y festivales), “Mano dura”, “no pueden andar los delincuentes sueltos”, “los jueces no hacen su trabajo”. Al contrario, cuando hay un acto criminal, realizado por jóvenes de 18 años, son mostrados una y otra vez por los medios de comunicación y aparece el tema de la seguridad ciudadana y las diferentes estrategias para terminar con la delincuencia, para ser más exacto con un tipo de delincuencia. Qué distinto sería si desde el poder pudiéramos ver algún esfuerzo de consistencia y no confundir ni distorsionar la historia. Hay  dos situaciones en las que esta incongruencia se hace evidente: cuando se lo tienes que explicar a un niño o a un extranjero.

En definitiva, de trata de  no normalizar situaciones que no son normales, ni tampoco colaborar con la distorsión: El crimen es crimen, no son “excesos”,  la tortura es tortura y no “apremios ilegítimos”, los pobres e indigentes  son pobres e indigentes y no “personas en situación de calle”, o “vulnerables”, los delitos de mayor connotación social no son sólo los hurtos, robos, violaciones o asaltos, sino también la evasión de impuestos, la corrupción y el abuso de poder.

 
Periodico latinoamericanista Giraluna
 
 
 


 

 

 
 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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