Desde tiempos ancestrales, Valparaíso ha mirado el mar y vivido en torno al mar.
Los visitantes de la bahía de Quintil y Aillapu, el lugar con las arenas calientes, lugar de encuentro de diversas culturas que recorrían todo el litoral, que vivían de su rica flora y fauna; de los peces y mariscos de los bordes marítimos, siempre estuvieron ligados al mar. Aquellas etnias que recorrían el continente, llegaban a esta zona a calmar sus espíritus y alimentarse para continuar sus caminatas.
Sin embargo, hay un antes y un después desde que llegaron los europeos a nuestro territorio. En aquel brutal encuentro, está claro que los europeos no venían a evangelizar, su vista principal estaba en el negocio del oro y de los esclavos. Entonces, desde esa época se han perpetuado las profundas desigualdades que cada día son más sutiles y cada cierto tiempo violentas en toda su expresión.
Sus habitantes ya sufrieron desde el mar el bombardeo de piratas en el siglo XVII y de la escuadra española en el siglo XIX. Tampoco podemos olvidar lo que pasó en los barcos Maipo, Lebu, en el buque escuela Esmeralda en 1973 y los detenidos desaparecidos lanzados cobardemente a sus profundidades durante la tiranía pinochetista. Pero la violencia no proviene solo de las armas, sino que también de un modelo económico deshumanizante. La zona del Almendral, por ejemplo, fue uno de los principales balnearios y caletas pesqueras en el siglo XIX, fue el balneario principal de la zona central, hasta que la poderosa industrialización, con el proceso de electrificación y el nuevo trazado del ferrocarril directo al área portuaria, creó una barrera urbana entre los habitantes y el mar, eliminando caletas y acceso democrático a esas playas ancestrales.
En la década de los 80, los negocios y las privatizaciones que se mueven en torno al puerto, la containerización del borde, aislan más a los ciudadanos del borde costero y profundizan de nuevo la negación del acceso de los porteños a tocar un centímetro de ese mar. El mar es ahora la mirada estratégica para el corredor bioceánico del comercio entre los diversos países del Pacífico sur hacia el Atlántico. Esa mirada estratégica requiere una planificación estratégica de ciudad puerto. |